Dejábamos Vientiane, haciendo oídos sordos a los desesperados y efusivos gritos de Tailandia, quien buscaba ansiosamente que acariciásemos sus costas. El Mekong, imparcial en aquella disputa de países, seguía el ritmo de su tranquilo curso, siendo, su único temor, que nos alejásemos de sus aguas. En contrapartida el norte de Laos nos tentaba con su montañosa y selvática geografía.
Habíamos llegado a Vientiane, días atrás, en manos de una generosa y simpática familia china. Vientiane fue para nosotros, una ciudad tranquila, una ciudad en donde el aire fresco que transitaba por sus calles nos traía el recuerdo de una lejana y hermosa Buenos Aires primaveral.
El día de nuestra partida, las temperaturas parecían haberse elevado a valores exorbitantes. Con un importante abatimiento arribamos a un desolado poblado recostado sobre la ruta. Hambrientos y sedientos buscamos algún lugar que nos abasteciera. Fue en los confines del pueblo donde una hirviente y picante sopa de noodles nos hizo transpirar más que el mismísimo calor del sol.
La ruta seguía desierta. Pocos eran los autos que se atrevían a atravesarla, y más los que disimulaban nuestra presencia. Entrada la tarde apareció aquella camioneta que nos dejaría en Vang Vieng. El camino se sorteaba entre pequeñas montañas cubiertas por el manto verde de la vegetación. El poniente sol, que se entremezclaba entre las sinuosas laderas, iluminaba nuestros extenuados, pero felices rostros de tanto en tanto.
Era de noche cuando el aire empezó a cambiar. Un aire fresco que traía el aroma a tierra mojada. Olor a lluvia. Ese olor que invade el ambiente y penetra intensamente en los pulmones antes de que la lluvia haga presencia. Ese olor que siempre es tan hermoso, esta vez no lo era tanto. Estábamos entregados en aquella camioneta. Primero fue una gota. Después dos. Hasta que de golpe el cielo estalló en un sinfín de enormes y pesadas gotas. Buscamos el poncho de Luis, que poco pudo hacer ante ese desenfrenado viento que nos golpeaba con más fuerza que nunca. En un abrir y cerrar de ojos nos convertimos en dos trapos mojados. No podíamos evitar reírnos. El agua se colaba por todos los recovecos, no había forma de impedir aquel inevitable contacto. Empapados, por no decir inundados, llegamos a Vang Vieng.

=) mucha luz les mando el cielo a traves de esa rica refrescada, que se evaporava con el calor d sus sonrisas…
besitos!!!
leyendolos
HOLA MUCHACHOS…ACABO DE DESCUBRIR ESTE BLOG Y APROVECHANDO QUE EL TITULO DEL MISMO ES “MUSICA SIN FRONTERAS”…PASO A INVITARLOS A MI BLOG.
QUIZAS LES INTERESE CONOCER ALGO DE MUSICA ARGENTINA,YA QUE LAMENTABLEMENTE NO HAY MUCHO INTERCAMBIO MUSICAL ENTRE UN PAIS Y EL OTRO
http://WWW.REVIVIENDOBANDAS.WORDPRESS.COM
UN SALUDO Y GRACIAS!
Leyéndolos, se puede sentir el agobiante calor como así también ese viento fresco hacia el que trepan desde hace ya largo tiempo, trayendo consigo una fragancia de lejanía y de otro mundo, de aguas divisorias, de sur y de montañas. Lleno de promesas. Sigan cumpliéndolas con la misma entereza de siempre.
…….y un tesoro muy preciado: la risa joven de los dos, bajo las gotas de lluvia. Gracias por tanta entrega.
Los Mapas
Hola amigos!! esperamos ansiosos las anécdotas de Tailandia!! ese “poncho de Luis” es el mío? es una masa, cuídenlo ! me salvó las papas un par de veces!!
Abrazooo
Pol
sigan asi muchachos que vang vieng!!!
cuac, pablito estaba inspirando cdo escribio el chiste!
me encanta leerlos, hermoso, muy descriptivo!
besos a los 2 y nos vemos pronto!
27/11/2008
Hemos tomado conocimiento de los contratiempos que han sufrido.
Nosotros los hombres, no podemos saber cuando van a ocurrir estos hechos, pero hay algo que sí sabemos, que todo este extraordinario y humanitario peregrinaje por el lejano oriente, perdurará por siempre alojado en algún rincón de sus corazones, pudiendo revivirlo tantas veces quieran, y tal vez al hacerlo, una contraseña, como en aquel entonces, se dibujará en sus rostros. Cuál? la sonrisa cómplice de los dos amigos!!!
Sabiendo también que toda esta rica experiencia nadie se la podrá llevar.
Les hacemos llegar un gran abrazo con infinita ternura y sepan que también en las dificultades, estamos junto a Ustedes.